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Sinopsis
La conciencia individual del doloroso trance de la muerte, o, como dijera Garcilaso de la Vega, del acceso a «los reinos del espanto», originó, en la Europa de finales de la Edad Media, el nacimiento del género de las llamadas ars moriendi, tratados que prescribían cómo debía prepararse el buen cristiano para morir. Una muerte perfecta, atenida a estas artes de bien morir, sería, por poner un ejemplo ilustre, la de don Quijote, que cuando se encuentra por fin en su casa, enfermo y viejo, tras haber recibido la visita del médico, recupera la cordura y, ya en su juicio, llama al sacerdote y al escribano, hace testamento, confiesa sus pecados, recibe la comunión y la extremaunción, y, rodeado de sus familiares y amigos, en su cama, da el alma a quien se la dio.