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Sinopsis
En el momento en que Su Señoría cede la palabra al Letrado, se pone en juego un equilibrio de fuerzas. En él será necesario demostrar que las armas procesales están bien afiladas. Al hablar, el Abogado lo hace convencido de que tiene razón. En ello reside la esencia de su profesión. Tal vez olvide momentáneamente que no basta con tener razón para ganar un pleito. Pero no olvidará que debe exponer buenos argumentos para no perderlo. Hablar claro es fundamental. Para ello es necesario, en primer lugar, tener claras las ideas; en segundo lugar, demostrarlo. Recurrir repetidamente a la lectura de papeles ante Su Señoría, no es la mejor formar de demostrarlo. La oralidad es requisito fundamental en el proceso judicial. Y la fluidez oratoria se adquiere, solo si previamente se practica. De todos es sabido que es escasa la formación en oratoria que se recibe en la universidad. Un estudiante de Derecho termina la carrera de Derecho, pero no necesariamente provisto de las herramientas básicas para hacer un buen alegato. En redacción jurídica y en oratoria forense, al estudiante recién graduado le queda un largo camino por correr. Cedant arma togae. siguiendo el principio de Cicerón, las autoras de este libro se han propuesto hacer menos arduo este camino. Con lenguaje sencillo y directo, resuelven complejidades de formulismos jurídicos y defienden el uso de una sintaxis racional. En su opinión, no hay razón para que en los escritos forenses se sigan construyendo oraciones interminables, que obligan al destinatario a tener que hacer varias lecturas para comprenderlos. En tiempos en que la agilidad oratoria es requisito fundamental en Sala, nada justifica que la escritura jurídica conserve estructuras sintácticas de tiempos pasados. Partiendo de textos y de situaciones reales, este libro aporta soluciones y da respuesta a muchos de los interrogantes que surgen en el día a día de la práctica jurídica.